El precio de la energía puede duplicarse en un año
En los últimos años, la industria ha tenido que acostumbrarse a convivir con un escenario que hasta hace poco parecía excepcional. El precio del gas, la electricidad o el petróleo puede variar de forma significativa en cuestión de semanas, afectando directamente a los costes de producción, a la rentabilidad de las inversiones y a la planificación de cualquier empresa.
El último episodio ha vuelto a poner de manifiesto esta realidad. Las tensiones geopolíticas en Oriente Próximo, tras los ataques a infraestructuras críticas de gas, generaron incertidumbre sobre el suministro energético mundial y provocaron nuevas oscilaciones en los mercados. Mientras el precio del gas europeo reaccionaba con fuerza, el petróleo Brent registraba importantes variaciones hasta situarse nuevamente por debajo de los 71 dólares por barril.
Sin embargo, más allá de la actualidad, existe una conclusión que las empresas industriales no pueden ignorar: la volatilidad energética ha dejado de ser una excepción para convertirse en el nuevo contexto en el que opera la industria.
La cuestión ya no es cuándo llegará la próxima crisis energética. La pregunta es si la organización estará preparada para tomar decisiones cuando vuelva a producirse.
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El problema no es que el precio de la energía cambie
Cuando el coste de la energía aumenta de forma repentina, muchas empresas reaccionan revisando contratos de suministro, aplazando inversiones o buscando medidas urgentes para reducir el consumo. Son decisiones necesarias en determinados momentos, pero normalmente responden a una situación de emergencia y no a una estrategia previamente definida.
En realidad, el principal problema no es que el precio del gas o de la electricidad suba o baje. Lo realmente costoso es tener que decidir bajo presión, sin conocer con precisión cómo consume energía la instalación, qué procesos son más intensivos o qué actuaciones tendrían un mayor impacto económico.
Las empresas que mejor gestionan este escenario no son necesariamente las que pagan menos por la energía. Son aquellas que conocen sus procesos, disponen de datos fiables y cuentan con una hoja de ruta para actuar cuando cambian las condiciones del mercado.
La gestión energética ya forma parte de la estrategia empresarial
Durante mucho tiempo, hablar de eficiencia energética significaba hablar únicamente de ahorro. Sustituir luminarias, mejorar el rendimiento de un compresor o instalar variadores de frecuencia eran actuaciones cuyo principal objetivo era reducir el consumo energético. Hoy el enfoque ha cambiado.
Las decisiones relacionadas con la energía afectan directamente a la competitividad de una empresa, a su capacidad para invertir, a sus objetivos de sostenibilidad e incluso a la percepción que clientes y administraciones tienen de la organización.
Por ello, los responsables de ingeniería, mantenimiento o producción deben responder preguntas que hace unos años apenas se planteaban:
- ¿Es el momento adecuado para electrificar un proceso?
- ¿Compensa invertir en autoconsumo fotovoltaico?
- ¿Qué retorno tendrá una nueva instalación si el precio de la energía vuelve a incrementarse?
- ¿Qué actuaciones son prioritarias desde un punto de vista técnico y económico?
- ¿Cómo contribuyen estas decisiones a los objetivos de descarbonización de la empresa?
Responder a estas cuestiones exige disponer de información y analizar cada instalación desde una perspectiva global.
La auditoría energética: mucho más que un requisito normativo
Con frecuencia, la auditoría energética se percibe como una obligación legal que debe cumplirse periódicamente. Sin embargo, limitar su utilidad a ese objetivo supone desaprovechar una herramienta clave para mejorar la competitividad.
Una auditoría energética permite conocer cómo se distribuyen los consumos dentro de una planta industrial, identificar ineficiencias y priorizar actuaciones según criterios técnicos y económicos. Pero su verdadero valor reside en ayudar a tomar mejores decisiones.
Conocer el comportamiento energético de una instalación permite detectar oportunidades que, en muchas ocasiones, pasan desapercibidas en el día a día: fugas en redes de aire comprimido, equipos sobredimensionados, consumos fuera del horario productivo o sistemas que trabajan por debajo de su rendimiento óptimo.
En un contexto de incertidumbre, disponer de esa información marca la diferencia entre reaccionar cuando llega una factura elevada o anticiparse antes de que el problema aparezca.
Conocer una instalación va mucho más allá de analizar sus consumos
En la industria, las decisiones energéticas nunca se toman de forma aislada. Cualquier actuación debe tener en cuenta aspectos como la seguridad industrial, las autorizaciones ambientales, la continuidad del proceso productivo, las zonas ATEX o los requisitos específicos de cada sector.
Por ese motivo, una medida que sobre el papel ofrece un elevado ahorro energético puede no ser viable si compromete la producción o afecta a la seguridad de la instalación.
Del mismo modo, existen actuaciones cuyo ahorro directo puede parecer más modesto, pero que generan beneficios adicionales al reducir averías, mejorar la disponibilidad de los equipos o facilitar el cumplimiento de requisitos normativos.
Comprender ese contexto requiere experiencia en el entorno industrial y una visión que vaya más allá del análisis de consumos.
La mejora energética no termina con una auditoría
Una vez identificadas las oportunidades de mejora, comienza la parte más importante: convertir la información en decisiones.
Para ello resulta fundamental realizar un seguimiento continuo del comportamiento energético de la instalación. La monitorización permite comprobar si las medidas implantadas generan realmente los resultados esperados, detectar desviaciones antes de que supongan un incremento de costes y disponer de indicadores fiables para la toma de decisiones.
En este sentido, implantar un Sistema de Gestión de la Energía conforme a la ISO 50001 ayuda a integrar la eficiencia energética dentro de la estrategia de la organización. La norma establece un modelo de mejora continua basado en la medición, el seguimiento y la revisión periódica de los consumos, permitiendo mantener los resultados a largo plazo y adaptarse con mayor facilidad a los cambios del mercado.
Además, muchas actuaciones de eficiencia energética pueden acogerse al sistema de Certificados de Ahorro Energético (CAE), una herramienta que permite mejorar la rentabilidad de determinadas inversiones y acelerar el retorno económico de los proyectos.
¿Cómo podemos ayudar?
En TANDEM HSE ayudamos a las organizaciones a identificar oportunidades reales de mejora mediante auditorías energéticas, implantar Sistemas de Gestión de la Energía conforme a la ISO 50001, monitorizar consumos para convertir los datos en decisiones y gestionar proyectos susceptibles de acogerse a los Certificados de Ahorro Energético (CAE).
Nuestro objetivo no es únicamente reducir el consumo energético, sino ayudar a que las empresas tomen decisiones más seguras, rentables y alineadas con su estrategia de futuro.
Pol Carreras
07 de julio
2026

